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Cierto amanecer, observaba yo un bello lago que, al reflejarse con el sol, parecía la continuación del cielo. Meditaba acerca de las vivencias que pueden hacernos experimentar fuertes emociones, algunas de ellas nada agra- dables; y pensaba en cómo éstas producen lágrimas en ...

 

 

Cierto amanecer, observaba yo un bello lago que, al reflejarse con el sol, parecía la continuación del cielo. Meditaba acerca de las vivencias que pueden hacernos experimentar fuertes emociones, algunas de ellas nada agradables; y pensaba en cómo éstas producen lágrimas en nuestros ojos, confundiéndonos sobre la forma de poner en orden todo ese maremágnum de sentimientos. Ese llanto derramado, pensé, bien podría asemejarse a cada una de las gotas que conformaban el lago que estaba frente a mis ojos e irónicamente, podrían ser también parte de un paisaje que visto desde la distancia, está unido al cielo ...

Las lágrimas son una ex- presión de nuestra alma, un lenguaje que  sobrepasa  a las palabras y el resultado de experiencias, decisiones, errores o cambios naturales en nuestra vida. Aunque no somos siempre las responsables de que ellas aparezcan, sí nos corresponde elegir en qué deseamos que se conviertan: pueden hacer que nos ahoguemos y hundamos cada vez más, retirándonos de toda luz y  oxígeno para respirar; o podemos utilizarlas como la fuerza que nos ayudará a salir a la superficie para convertirse, como ese lago, en una continuación     del    firmamento.

No es sencillo, pero sí trascendente, el volverlas aprendizaje para crecimiento, en una puerta para  acercarnos a hablar con nuestro Padre Dios, y en una fotografía para recordar qué paisaje deseamos para testimonio de nuestra vida. Discernimiento, fe, oración, complementadas por decisión, carácter y acción, es lo que nos reconciliará con lo que debamos reconciliar en nuestra alma y permitirá mantener ese punto de encuentro.

 

 

 No te avergüences de tus lágrimas; si proceden de la alegría, utilízalas como el lenguaje para agradecer y manifestar el inconmensurable amor de Dios; si son por tristeza, úsalas para  limpiar el camino para la sanidad, el consuelo y la auto reconciliación.

 Recordemos que somos “linaje escogido,real sa- cerdocio, nación santa, pue- blo que pertenece a Dios” y que, como tal, es nuestra elección hacer que sean solo un lago o parte de un paisaje con el cielo como protagonis- ta; sabiendo que la vida trae pruebas y es nuestra elección decidir cómo las viviremos, cuidándonos en cuerpo, men- te y espíritu; y con la certeza, pese a lo que nuestros ojos naturales puedan mirar, que todo sirve para bien a aquél que ama a Dios. ¿Cómo saber la respuesta para tu vida? Dios siempre la tiene para ti, esperando en esa continuación del cielo…

 

María Elena Salazar

Escritora

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